Cuando una amenaza se cierne sobre ellos, los ratones no huyen en solitario: buscan la compañía de sus congéneres más cercanos. Una nueva investigación ha comenzado a desentrañar cómo el cerebro transforma una señal de alarma en un impulso por encontrar compañía familiar.
El estudio identifica cómo determinadas señales de advertencia activan circuitos neuronales que, en lugar de desencadenar únicamente huida o parálisis, también impulsan a los animales a acercarse a individuos conocidos.
Este comportamiento sugiere que la sociabilidad ante el peligro no es casual, sino que está profundamente arraigada en la biología del cerebro: la familiaridad actúa como un factor de seguridad que el sistema nervioso prioriza activamente.
Los investigadores esperan que comprender estos procesos abra nuevas vías para estudiar cómo los humanos reaccionamos socialmente ante el miedo, un mecanismo relacionado con cómo los animales en grupo escapan del peligro. Consulta el estudio original en Futurity.